En semanas pasadas el mundo ha estado temblando con el terror de la amenaza de Gripe Porcina, sin saber qué dirección irá a tomar esta infección viral, simplemente con la ansiedad de lo que no se conoce de la enfermedad y la historia de plagas y pandemias pasadas, que han sido tan terribles y con tanta pérdida de preciosas vidas.
En nuestro ministerio comunitario nos pusimos las pilas, produciendo lecciones sobre el tema, distribuyendo en América Latina entre nuestros socios y facilitadores comunitarios actividades participativas para despertar la iniciativa de actuar ya y tener la información correcta.
Mientras tanto, en Argentina, frente al brote de Fiebre del Dengue de los meses de Marzo y Abril, habíamos también empezado a hacer lo necesario para capacitar iglesias y ponernos a disposición de autoridades de salud locales para ayudar en lo que fuera necesario. Sabemos que el secreto del control de cualquier epidemia no radica solamente en el hospital o el gobierno, pero también en el hogar de cada persona que vive en la zona expuesta. La decisión de la familia de HACER ALGO y el apoyo de otros que puedan verificar que las acciones son las correctas y animen a la continuidad de las mismas en el largo plazo son la clave del éxito del control y la erradicación de enfermedades. Pasa con el paludismo, (mosquiteros y lucha contra el mosquito), el Dengue (control de aguas estancadas, mosquiteros), la Filariasis, los parásitos intestinales, y la lista sigue.
Como decimos en Transformación Integral Comunitaria (TIC), sin agentes de transformación que visiten los hogares, y sin un grupo de toma de decisiones en la comunidad, sea de las iglesias locales, sea de la misma gente que vive en la zona, no habrá transformación integral.
También sostenemos que sin la presencia sanadora de Dios, que quiere una comunidad sana, los cambios son superficiales y temporarios. Las epidemias nos dan una oportunidad única de involucrarnos como personas de fe. Históricamente la iglesia se hizo siempre presente en problemas de salud masivos. Sin embargo, con el tiempo, pareciera que nos hemos despojado de esa responsabilidad, dejándola en manos del mundo secular.
Esta actitud no está basada en los principios bíblicos de Salud y Espiritualidad. Basta echar una mirada al libro de Levítico para darse cuenta del rol clínico, curativo y preventivo que tenía el líder espiritual en la vida del pueblo de Israel. No podemos negar el ministerio de salud que ejercía Jesús y los que lo siguieron en la historia de la iglesia.
¿Por qué entonces pensar que los tiempos han cambiado y a nosotros eso no nos corresponde?
Animamos a los cristianos a vivir y proclamar el SHALOM que aprendemos en las Escrituras, el de arremangarse durante la lucha anti parasitaria o anti viral, acompañando a las autoridades de salud y estando a su disposición, enseñando a los vecinos, organizando reuniones participativas, visitando hogares para animar a los residentes de la comunidad a ser parte de la lucha contra la epidemia. Tomemos la responsabilidad que nos toca, porque es el rol de los atalayas, como describe el libro de Ezequiel 3:17 y 18:
“Hijo de hombre, a ti te he puesto como centinela del pueblo……Si tú no le hablas al malvado ni le haces ver su mala conducta para que siga viviendo, ese malvado morirá por causa de su pecado, pero yo te pediré cuentas de su muerte”
¿Qué más necesitamos para poner manos a la obra, iglesia de Cristo?